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- 12 dic 2017
- 2 min de lectura
Y si vienes hoy, y me preguntas quién soy, seré sincera.
Sonreiré, te miraré y cambiaré el tema.
Aquella pregunta es muy compleja para responder en una cita, es muy compleja aún para lograr responderla a lo largo de la vida.
Puedo decir que no sé aún con certeza.
Pero aunque en palabras limitadas y definidas no pueda decirlo, hay algo que sé y es que siento.
Me siento sentir, doler, gozar. Soy un cumulo de días y horas convertidas en memorias y experiencias. Soy mi vida, este aire y todos mis anhelos. Y aunque mire quieta el abismo, el limite no es el cielo. Son mis sueños surreales, mi fuerza y espíritu.
Siento ser el tiempo palpable en mi piel, en mi mirada ya no perdida.
Siento ser casi todos mis miedos superados, y una verdad por pulir.
Soy un camino en construcción y a veces en demolición.
Siento en mi, agonía, agonía por vivir, por latir.
Cada año, una marca más a caído en mi piel, y debo admitir que amo cada herida, marca y huella tatuada.
Me recuerda lo sensible y frágil que soy en este cuerpo humano,
Me recuerda mi mortalidad y mi paso efímero en esta tierra.
Me recuerda el tiempo y sonido de el, corriendo en cada esquina, escabulléndose por mis manos.
Amo de alguna manera también las heridas espirituales, mis muros nuevos para que no me dañen y mi coraje para superarlos y entregar parte de esta alma.
Han corrido 27 años, desde mi día como mortal en estas tierras y agradezco cada encuentro y cada segundo.
Soy todo lo que paso en este tiempo, soy toda mi historia, toda esta luz, y toda esta oscuridad.
No me temas. Yo ya no lo hago.
























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